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17 de enero

Mar de Frades, una bodega de la D.O. Rías Baixas en armonía con el territorio

Fue construida en 2006 como “la casa con la que el consumidor identificase estos vinos, destacando su calidad y  filosofía”. Una conjunción de tradición y modernidad, donde el respeto al entorno y al medio ambiente se convirtió en una de las claves inspiradoras de este edificio.

La tradición se refleja en su antiguo cruceiro, orientado al norte como si de un cruce de caminos se tratara. Tras su pedestal, trabajado en granito, puede verse la escultura del Apóstol Santiago el Mayor, mientras que en la cruz se encuentra el Cristo y, en su parte trasera la Virgen, en actitud de recogimiento y oración.

También muestra de esta tradición e historia, pero a la vez de respeto a la madre naturaleza es la afloración rocosa que recibe al visitante a su entrada en la bodega, llamada tradicionalmente en la zona “Con”.

Esta piedra de dos metros de altura sobre la que crece un pino solitario representa el terroir propio de Mar de Frades: el granito que aporta mineralidad y frescor a estos vinosModernidad, pues se trata de una construcción reciente con unas características arquitectónicas llamativas para el visitante.

Desde el exterior se divisa la imagen de la vela mayor de un velero en color azul atlántico.

Los tejados son abovedados, acabados en cobre, que se combinan con un tejado plano de una zona acristalada, destinada a salón social y al disfrute de la integración en un paisaje de viñedos, mar y bosque.

Basándose en la máxima de respeto al territorio, la instalación se camufla en el terreno, adaptándose a su accidentada orografía y reduciendo así el impacto visual. Para ello,  la obra ocupó el menor espacio posible en el terreno y tuvo en cuenta que su volumen fuera acorde con el paraje circundante, así como con los colores predominantes de la zona, que se mimetizan con el entorno: gris, tierra y verde.

El granito gris, sin pulir y de diversos tamaños para las fachadas aplacadas de piedra del lugar, morteros monocapa en color arena para los entrepaños y, finalmente, verde para las cubiertas de teja envejecida o chapa ligera.

También llama la atención la utilización de otros materiales tradicionales como la madera.La bodega se encuentra ubicada en una parcela singular, denominada Finca Valiñas que da nombre a una de sus marcas. La elección de esta finca se debe a que reunía una superficie lo suficientemente amplia para albergar sus instalaciones, teniendo en cuenta que está ubicada en una zona donde el terreno está extremadamente atomizado.

Este entorno influyó mucho en su arquitectura, pues se sitúa en la vertiente más Atlántica del Valle del Salnés, una de las subzonas de la D.O. Rías Baixas, teniendo en su paisaje la desembocadura de la Ría de Arousa y la Costa Norte. Dicha ubicación sirvió para aunar la imagen de Mar de Frades y su filosofía de trabajo con el entorno.

Precisamente, estas condiciones facilitan el permanente diálogo exterior-interior en todas las fases de producción. De manera que todo fluye, desde la llegada a la instalación a través del bosque de robles a partir del que se ve la fachada de la entrada principal con su mástil azul y su tejado en forma de vela, terminado en cobre.

Continuando por el porche con sus columnas de granito en la parte frontal que dan paso a una franja de olas de acero. Estas ondas nos evocan al océano Atlántico que podemos divisar una vez atravesada la recepción del edificio.

Para acceder a la zona de oficinas hay que rodear la roca granítica “Con”, así como para acceder a la primera planta, donde se encuentra la zona de formación y visitas, y a la terraza desde donde divisar el perfecto paisaje de Mar de Frades: el viñedo de la variedad albariño, el océano Atlántico y el bosque autóctono gallego: pinos, robles, castaños y eucaliptos.

Se aprovechó el desnivel de la parcela para ubicar las distintas salas de vinificación, de tal forma, que se excavó la roca granítica a fin de aprovechar el frío natural del terreno.

Los depósitos de fermentación no impactan visualmente, ya que se ubicaron aprovechando los grandes desniveles. De manera que la instalación cuenta con la altura de una planta desde la fachada hasta la carretera, donde se articula como un porche corrido, y en la que se puede realizar el acopio de uva protegido cuando se producen inclemencias meteorológicas.

La fachada de poniente vuelve a tener una planta, abriéndose con grandes huecos verticales al paisaje, dominado por el bosque y el Mar de Frades.